Desprecio. Eso era lo único que se podía leer en sus ojos. Cada hombre, y mujer, que se acercaba era fulminado con su mirada azulada. Su belleza glacial atraía a muchos pero, su frialdad, aterrorizaba. Era una rosa nórdica con espinas heladas. Pese a ello. Pese a lo duro e imposible. Me obsesioné y tuve que conquistarla. Con tesón, paciencia y muy malas artes la hice mía.
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